Abstract / Summary
La expansión de los agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1) y de agonistas incretínicos combinados ha transformado el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2 y de la obesidad. Semaglutida, Liraglutida y Tirzepatida han demostrado reducciones ponderales clínicamente relevantes y, en determinadas poblaciones, beneficios cardiovasculares y renales de magnitud suficiente para modificar el pronóstico. Al mismo tiempo, su exposición masiva ha multiplicado las notificaciones espontáneas de acontecimientos adversos, incluidos desenlaces fatales. En agosto de 2026, distintas extracciones del sistema británico Yellow Card difundieron cifras de 153 y, posteriormente, 216 notificaciones con desenlace fatal para tirzepatida, semaglutida y liraglutida. Esas cifras no equivalen a muertes causadas por los fármacos, puesto que la farmacovigilancia espontánea detecta sospechas y señales, pero carece por sí sola de denominadores fiables, control suficiente de confusión y adjudicación causal individual. Esta revisión crítica estructurada integra ensayos clínicos, estudios observacionales, metaanálisis, evaluaciones regulatorias y bases de farmacovigilancia, junto con legislación y jurisprudencia de España, Unión Europea, Reino Unido y Estados Unidos, con fecha de corte 10 de agosto de 2026. Se examinan efectos gastrointestinales, deshidratación y deterioro renal, pancreatitis, enfermedad biliar, gastroparesia y retención gástrica, riesgo perioperatorio de aspiración, neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica (NAION), retinopatía diabética, señal tiroidea, composición corporal e índice de tendencia suicida, (suicidabilidad). Se distingue entre riesgos reconocidos, señales todavía en evaluación y señales investigadas que no han sido confirmadas. Se analiza además el riesgo sistémico creado por la selección inadecuada de pacientes, la titulación, el seguimiento insuficiente, la prescripción fuera de ficha técnica, la telemedicina, los preparados no autorizados, errores de dosificación, falsificaciones, publicidad indirecta e influencers. El análisis jurídico muestra que el desenlace adverso no identifica automáticamente al responsable: fabricante, titular de autorización, prescriptor, centro sanitario, farmacia, preparador, plataforma digital y paciente ocupan posiciones distintas dentro de la cadena causal. La imputación exige separar causalidad general de causalidad específica, defecto de producto de negligencia asistencial y señal regulatoria de prueba judicial. Se concluye que la pregunta científicamente madura no es si los GLP-1 son «seguros» o «peligrosos», sino qué beneficios y riesgos presentan para cada paciente, qué daños son prevenibles y qué sujeto tenía el deber jurídico de evitarlos.